Bienvenido.

Este es un blog hecho por una cabezota antitecnología, mitad niña, mitad piña, semiadiestrada (que es lo mísmo que decir cavernicolita asalvajada), por supuesto medio bruja, falta de modales y un deshonor a la inversión de mis papás en mi educación porque tengo una orotografía y redacción del terror.

No me juzgues muy duro ni te sientas personalmente aludido, soy perfeccionista pero no es algo que espero perfeccionar.

Con una sonrisa burlona LA CUCA

miércoles, 7 de enero de 2015

Los lenguajes de Dios

El sermón de Gari este domingo fue uno bueno. Dijo que Kepler había observado una gran estrella conformada por Júpiter, Saturno y la constelación de Piscis. Esa gran unión de estrellas quizás fue la estrella que en el año 6 antes de Cristo pudo haber guiado a los reyes al pesebre de Jesús. Finalmente, Júpiter, es el astro rey, Saturno, el planeta que representa a Palestina y la constelación de Piscis, la constelación del mesías. Dijo después que no tenía nada de escandalizante el pensar que la ciencia y la tradición coincidan. Gari dijo que Dios habla los lenguajes que los hombres pueden entender, que aún hoy Dios nos habla en nuestros lenguajes, por medio de las personas y la causalidad de los sucesos. Aunque para escuchar lo que Dios nos dice es necesario creer.

                No creo que Gari supiera lo esotérico de su sermón, sin embargo, a mi me pareció muy adecuado y muy contundente. Justo mientras escuchaba las lecturas de misa sentada atrás con mi perro, pensaba en la pregunta que constantemente me hago y le hago a Dios: “¿Qué quieres de mí?”. Y cómo me respondió mi madre cuando se lo comentaba en la tarde, yo también pensé que la respuesta era obvia: “Quiero que seas feliz”. Y justo ese es el problema, esa no es la respuesta que quiero, porque cuando pregunto “¿Qué quieres de mí?” espero algo más específico. Y llevo esperando la respuesta de Dios desde hace tiempo, con una sincera disposición a obedecer en cuanto la respuesta se haga evidente, obedecer sin importar los costos ni las condiciones. ¡Qué conveniente para mí! Puedo no hacer nada por mis hermanos ni por nadie mientras Dios no abra el cielo y me diga de un grito de qué forma quiere que yo sirva y funcione. No, la pregunta, pensé entonces, es: “¿Cómo le vamos a hacer? ¿Cómo vamos a armar el plan de mi propio proyecto de felicidad para que encaje en tu plan de la felicidad de muchos más? ¿Cómo puedo ubicarme en el mundo por mí y por los demás? ¿Cuál es la mejor forma de armar este rompecabezas?” Es una pregunta más complicada, pero es la pregunta correcta, la que corresponde. Lo que estaba detrás de la pregunta ¿qué quieres de mí?, era le necesidad de responderle: “manda, que no importa lo que desees yo lo haré”. Esa parte ya está, ahora es momento de ejecutar, o al menos planear cómo ejecutar mis promesas.
             
  Dios ha respondido y yo también, al menos la primera pregunta, pero queda ahora la segunda a la que me confío a su inspiración. Tengo mucho miedo, me solté a no buscar armar yo mi vida y mis seguridades, a no buscar cómo hacerme del dinero, de la belleza, del poder y la fama necesarias para tener una vida satisfactoria, a no buscar planear sola y mejor aventurarme a entrar al plan de Dios, donde nadie sale victorioso completamente, donde por más que se barra el sufrimiento y el sin sentido, siempre queda algo, no se puede vencer completamente. Tengo miedo, parece que ya estoy pagando el costo, ¿cómo se mantiene a una familia siguiendo a Cristo? ¿Qué explicaciones voy a dar a mi pareja cuando no tenga dinero para mí, ni para él ni para nadie? El costo puede ser demasiado alto y aún así no renuncio a mi nueva resolución.

Comparto que estoy en este discernimiento de entender cómo colocar las piezas que Dios me dio: mis capacidades, mis habilidades, mis deseos y mis sueños. No le encuentro aún la forma al rompecabezas- ¿cómo puedo compartir lo que soy?, ¿cómo puedo servir con lo que soy?. Mis talentos especiales son escribir, meditar, el silencio, la contemplación, la disciplina y el autoconocimiento, habilidades sociales tengo muy pocas, y menos deseos de incrementarlas. Soy una amante devota, pero con una atención limitada a pocos, a mis mejores amigos, a mi familia y sobre todo a mi pareja, no puedo construir relaciones "express", ni sentirme cómoda con personas que recién conozco, ni siquiera sé hablar... ¿Cómo le vamos a hacer, señor? ¿Cómo trazar este plan? Habla con mis lenguajes que estaré atenta.

Me siento angustiada, entro en los terrenos peligrosos del discernimiento con trampas de todo tipo que pueden amenazar hasta lo ya ganado, que es la respuesta a la primera pregunta, el entendimiento de que lo que persigo primero es mi propia felicidad para no hacer de mí vida un triste martirio. No quiero perder nada, pero debo comprender qué sacrificios son posibles y cuáles impensables. Definitivamente pondré todas mis ganas en armar mi vida pero espero que Tú también te hagas responsable, porque Tú puedes ver con amplitud y estoy segura harás un poco de trampa para que yo no tropiece y pueda encontrar con velocidad cómo encajar este rompecabezas.

viernes, 21 de noviembre de 2014

El demonio al acecho de mi felicidad.

Querido, adorable y traumático blog, déjame contarte lo que me pasa por la cabeza, el corazón y el cuerpo. Tengo miedo, lo intento echar fuera de mí. Sabrás o no sabrás de mis ataques de pánico y angustia, y están justificados, pues son productos de una mayor consciencia de la vida y la muerte y de una mente desordenada que ante lo desconocido se encoge y se duele. Mi amigo Saúl me dice que ponga atención más que al miedo al momento en el que surge, y esa herramienta me ha hecho gran bien, pues lo trascendente se mueve por algo más inmanente y corpóreo, a la vez que por un deseo esperanzador. Me mueve hoy este miedo al descubrir que amo a una persona profundamente pero que no es mi lo ideal como yo creía que debería ser, una persona con la que quiero estar pero que no cumple toda la lista de cosas de atributos perfectos a pesar de que cumple los tres principales de mi vida. Me mueve hoy amarlo y saber que con él puedo y quiero ser libre, que él no tiene que ser mi vida ni yo la suya, que mi vida no tiene que tratarse de él, que puedo amar y querer a mis amigos y familia, que mis relaciones sociales quiero sigan creciendo y fortaleciéndose, que quiero ser feliz con o sin él, que soy capaz de tener mi propia vida sin depender emocionalmente de él y que puedo amarlo como yo bien sé amar: loca, intensa y profundamente. ¿Y me pregunto cómo es eso? ¿¡Cómo puedo amar sin estar atada?! ¿¡Qué me puede pasar tomando ese camino?!

También me mueve el corazón el término de mi tesis y el comienzo de la posibilidad de vivir de lo que más amo en la vida: escribir, el deseo enorme de luchar por eso, de aferrarme a mi arte y a mi forma de expresión. De manifestar quién soy y ponerlo ahí donde otros pueden hacerme pedazos, presentarme vulnerable y abrirme a que me hieran de manera tan estúpida y evidente. Y me pregunto ¿Cómo será eso? ¿Acaso seré suficiente?, ¿podré? ¿Soy lo que presumo? ¿El rechazo lo sentiré como si fuera a mi persona?

He cosechado tanto este año y la imperante necesidad de volver a echar semilla en mi campo espiritual está aquí, ya, tocando. Terminé un ciclo, terminé un duro invierno, crecí, soy más grande, alcanzo más, quiero volar y ahora veo que cuando esto surge, surge el miedo también. ¡Qué miedo tengo a ser libre, a ser feliz! Qué tal que me declaro feliz y que al declarar el fin del invierno vuelvo a caer en un temporal peor, ¿acaso podría con la desilusión? A veces pienso que si me vuelvo a deprimir con el mismo tema no lo voy a soportar, creo que si mi camino espiritual me lleva por una depresión semejante será porque la naturaleza de las cosas es triste y desoladora, será que en efecto somos esa coma mal puesta, y el origen de todo y el final de todo es deprimente y sin sentido, todo es vano, es inútil. Mientras escribo esto siento el dolor que me quema tantas veces, ya no estoy deprimida, pero la cicatriz queda y duele, y a veces no la soporto. Ya no estoy deprimida, la depresión fue vivir, desayunar, comer, cenar, dormir, reír, respirar, trabajar ese dolor todo el tiempo, sin descanso, luchando contra él. Otras cosas vinieron para quitarle al dolor el protagonismo, pero el dolor no se ha ido, lo tengo ahí y le tengo mucho miedo, y por él le temo a la felicidad y a la libertad, no valla ser que mi buena fortuna y mi alegría sea un aire optimista e infantil, no valla ser que mi avance espiritual me lleve a estar de frente y plantear como una verdad innegable el dolor de la soledad, el sin sentido, el vacío, la tristeza, la inimportancia y para acabarla de terminar, que corte también todo tipo de placer, el deseo y la alegría que trae la música, el arte, los besos, las caricias, la comida, los paisajes, las amistades, las fiestas, las películas…

Me llama la atención, así de grande es mi miedo a mi libertad y mi felicidad, tan grande que el buscar perseguirlas trae demonios temibles que me dicen que si sigo ese camino me espera sólo un dolor conocido a lo desconocido. Surge el demonio terrible diciendo que no debo moverme, que no seré libre, que no seré feliz, que son crueles espejismos, que si sigo adelante sólo quedarán desilusiones, que si sigo adelante me perderé. Temo que así sea, temo no poder regresar de la locura del dolor, temo ese sea mi destino y el de toda la humanidad.

Demonio, yo te conozco por tu nombre, te llamas duda, te llamas mal, te llamas miedo, te llamas autoestima herida, te llamas ignorancia, te llamas estupidez, te llamo enemigo interno, genética torcida, experiencia obsoleta, desesperanza, infidelidad. Yo te conozco, y habiéndote reconocido te digo que no tienes poder sobre mí, que podrás acompañarme pero no detenerme y aún si me acompañas tus días están contados porque yo seguiré entrenando para eliminarte, porque yo seguiré fiel en la duda, porque no me soltaré ni me soltará aquel al que pertenezco, porque yo decido. Con mi miedo puedes hacer mucho, con mi incertidumbre y mi inseguridad, pero ante mi voluntad no puedes nada.

domingo, 5 de octubre de 2014

Amores de Sacristía

Como saben, y si no lo saben, me muevo en un mundo totalmente religioso. Mi vida es Cristo, así lo decidí, así lo he vivido. Mi madre es teóloga, mi abuelo lo era también, además de un hombre de muy evangélico, mi abuela era una fanática religiosa, mi padre, un ateo converso y un científico loco, mi hermana se casa en dos meses con un pasado misionero del Espíritu Santo. Mis hermanas y mi madre trabajan en escuelas católicas, aunque diferentes. Aún así, soy yo la que más se mueve en este mundo. Por muchos años, si no es que la mitad de mi infancia y toda mi adolescencia y comienzo de edad joven-adulta (¡hace apenas un par de años!) creí que sería religiosa- primero pensé en la vida activa y después me incliné a la clausura.-

He recibido acompañamiento vocacional por años, incluso he vivido en monasterios. Trabajo enseñando meditación y contemplación, he recibido instrucciones de varios y grandes maestros. Hablo el lenguaje religioso con fluidez desde muy pequeña, incluido lenguajes religiosos budistas y un poco menos fluido, hinduistas. Trabajo con religiosos las 24 horas del día, los hombres y mujeres consagrados a Dios y a los otros son mi pan de cada día. Es obvio y natural que la historia de mis amores, sean de amores de sacristía.

He tenido novios que no han sido del ámbito religioso. Más bien, he tenido UN novio que no fue del ámbito religioso, pero mis amores están vestidos de hábitos o muy cerca de eso. Me gusta lo que me gusta. Sé que no puedo tener una vida de pareja satisfactoria mientras lo que veo son hombres religiosos consagrados. Anhelo lo que veo, sin embargo, quizás no saben de lo doloroso que es amar a un sacerdote o a un novicio, o semejantes. Pareciera que soy una trastornada persecutora de amores imposibles, amante de lo prohibido, pero es más que nada que estoy donde quiero estar, con las personas con las que quiero estar, haciendo lo que hacemos... Con estas personas me siento cómoda, me siento yo, podemos hablar y compartir.

¡Cómo he padecido estos dilemas! ¡Me da ganas de maldecir a la iglesia por hacerme esto, por hacernos esto! Colocan yugos imposibles de cargar que no quieren cargar ni con un dedo.
He acompañado amores en sus búsquedas de Dios, en sus deseos de servir, de seguir con mayor fidelidad a Cristo y a la Iglesia, en sus conflictos personales, sus demonios... Me he sentido acompañada, abrazada y acogida también. Hoy estoy metafórica y literalmente en la sacristía sin saber cómo reclamar consuelo por mis propias necedades de fijarme y enamorarme del mismo perfil. Hoy estoy ubicada en la imposibilidad de obtener lo que me gustaría del hombre que quiero.

Me siento identificada con su deseo de poner algo más grande antes que los intereses egoístas, y centrar la vida en Cristo antes que en una persona, situación o cosa. Así soy yo también, así somos, así me gusta. Y la cosa es eso, que me gusta. Lo que pasa es que quiero, quiero expresar mi cariño de muchas maneras, con besos, con caricias, con abrazos, con palabras. Quiero compartir mi amor con otras personas, quiero gritar que esa persona es mi pareja. Quiero recibir el reconocimiento por haberlo acompañado en la sombra y la desesperanza, por sostenerlo en los momentos en los que no se podía parar con sus propias piernas. Quiero tener la dignidad que tienen todas las personas que aman y son amadas. Quiero poder hacer en público esos pequeños detalles como arreglarle la camisa y decirle que se tome su pastilla. Quiero besarle la oreja y decirle que lo amo al oído. Quiero poder darle un beso sin que implique empezar algo que no podemos continuar ni vivir sin traicionar promesas, sin traicionar confianzas, sin romper expectativas. Quiero poder seguir los movimientos de mis sentimientos, que son de amor y de alegría, quiero seguirlos a donde me lleven, llevándome cada día a amarlo más, a cuidarlo más, a expresarle mi cariño y proyectar la vida juntos, porque queremos lo mismo, porque nos ubicamos en el mismo punto. Quiero que se reconozca mi amor, quiero que se mire como mi misión evangélica el sostener al otro, construir comunidades y relaciones que presenten un apoyo en los momentos difíciles y una compañía en los alegres. Quiero que se sepa que esta fuerza de amar es de Dios, que esta relación crece y se fortifica porque ha nacido de una raíz firme: Jesús. Quiero no tener que pelearme con impedimentos de ese tipo, ¡El amor ya tiene de por sí demasiados retos y cuestas que son difíciles de afrontar!

 
Los amores de sacristía duelen. Son conexiones que pocas personas logran en su vida, son verdaderas relaciones de amor, libertad y amistad. Pero no se puede tener una relación de ningún tipo escondidow en un closet, escondidos en un ámbito de tu vida. Imposible mantener un amor truncado donde no puedas tocar, besar o decir. Duelen muchísimo, ¡me duele mucho!
¡Qué pobres interpretaciones hemos hecho en el catolicismo para justificar una forma de vida que no es natural! ¿¡Cómo hemos podido hacer una regla tan rígida que limite el amor y sus expresiones!? ¿¡Cómo hemos podido condenar a hombres y mujeres a un aislamiento semejante?! ¿Por qué miramos como hombres y mujeres religiosos se empoderan por falta de amor y de comprensión? ¿¡Cómo permitimos esto?! Exigimos un adormecimiento del cuerpo de los religiosos, que exigen a su vez, en venganza, este mismo adormecimiento a sus fieles. Porque es necesario tener el cuerpo dormido y desconectado para no contactar con lo que clama. No estoy en contra del ascetismo, de la abstinencia o del celibato, aunque creo es una vocación verdadera poco común. Estoy en contra de la rigidez de la estructura que pervierte, de este rigor que muchas veces es más represión que opción. De la exigencia de dormir el cuerpo, de separarse para evitar "pecar", evitar contactar con los deseos. Esto corta la vida, la potencia humana.

Yo he estado en esta situación de correspondencia de sentimientos en la vida religiosa en un par de ocasiones. No deseo que ningún religioso, ni ellos, ni yo, cambiemos de rumbo. Reconozco su profunda vocación así como la mía. Nuestra orientación espiritual, nuestra entrega total, nos hace bien. Nuestros ojos están enfocados en una misma meta, nuestro proyecto de vida es un compromiso profundo al evangelio, ¿por qué tengo que callar lo que siento? ¿Por qué tengo que mirar a otro lado cuando busco amor de pareja si el compromiso al evangelio es mi condición sine qua non para compartir lo más íntimo de mi vida? ¿Por qué tengo que renunciar a las personas que me comprenden y pueden acompañarme? ¿Por qué la vida religiosa incluye esta triste frustración? ¿Por qué sólo se puede ser pleno a escondidas, como si uno pecara por amar?


"Es una pena que sea pecado y que el pecado me mire así"

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Yo tengo razón

Es una época particular. Probablemente esta particularidad ha sucedido en la historia con los enromes choques culturales que significaron las conquistas. Esta época es particular entre esas particularidades, porque es un descubrimiento de los otros de manera masiva y global. Todos sufrimos una conquista y no sabemos contra quién dirigir la hostilidad que se siente ante la agresión de la llegada del extranjero que viene a despojarnos. Y como antes, pero aún peor, el conocer al otro, con sus relatos, con sus tradiciones, con sus versiones de la vida, algunas semejantes, y muchas tan disímbolas, nos hace preguntarnos “¿Quién tiene la razón?”. Ante tantas realidades que conocemos profunda o superficialmente, ajenas para poder hacer una crítica como la hacemos ante las propias creencias, si pensamos, y lo hacemos bien, podemos llegar a un par de conclusiones: “Todos tenemos razón” o “Nadie tiene razón”.

Es un mundo confuso y la tendencia posmoderna es a mostrarse pesimista y escoger de las miles de versiones nuevas que se despliegan a nuestros ojos mentales, la que creemos más racional, pero también la más trágica. Este caos cultural genera dolor, angustia y confusión. La promesa es que entre tantas versiones de la realidad, sin importar la que escojamos, la probabilidad dice que escogeremos la incorrecta, pues las realidades son incompatibles. Lo propio produce seguridad, lo ajeno, incertidumbre. Sin embargo, nuestra desconfianza a nuestra propia sabiduría y a la de las raíces que compartimos con nuestros ancestros, aunado a la brillantez de lo ajeno, provocan que dudemos de lo propio y tratemos de abrazarnos a lo que profesan los otros por querer profesar lo correcto y sensato. Hacemos una apuesta por la verdad más verdadera con una consciencia muy oculta de que no es posible poseer la verdad absoluta. Yo tiendo a plantearme la versión más pesimista para no esperar la mejor y quedar defraudada. He llegado a creer que el caos y la confusión es lo racional, que cuando veo las cosas sin sentido, veo la fibra misma de la realidad. El caos y la confusión me lo provocan la tensión entre “todos tienen razón” y “nadie tiene razón”. He creído que todo tiene el más desafortunado de los comienzos y finales. Sin embargo hay una vía, una salvación del caos, y esa es regresar al punto donde las cosas generaban seguridad. Tras la consciencia de los otros no se puede regresar a un intransigente “yo tengo la razón, los otros están mal”. Tras la consciencia del otro no se regresa a nunca a la nulificación de narraciones distintas a la mía, sin embargo puedo decir, yo tengo razón. Yo tengo una cultura, tengo un lenguaje, tengo una religión, tengo una ética, tengo una forma de ver la vida, de hablar, de moverme, de entender el sexo, de ver lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. Yo tengo razón. Mi compás de la interpretación que hago de la vida no debe ser las interpretaciones de los demás, sino lo que los propios huesos y entrañas reclaman. La pregunta es: “¿Qué necesito pensar?”. Una pregunta que no se hace para adormecer la consciencia, sino que desde la consciencia de lo múltiple, afirma lo propio como verdadero, como un camino personal de vida que me es natural, que no me genera angustia, ni caos, ni dolor, no me violenta. No quedo paralizada, sino motivada a seguir indagando el sentido de la vida desde mi gozoso marco contextual. Es pensar que mi horizonte cultural me ofrece las herramientas posibles para llegar tan lejos como quiera llegar, para entender la vida misma de manera universal y lo más humanamente completa. Me enfoco en lo mío, en lo único en lo que puedo hacer modificaciones desde mi experiencia. Puedo corregir, avanzar, replantear en lo propio porque lo llevo en la sangre, porque lo mamé desde el comienzo, porque es lo más natural en mí. Basta de dar vueltas a la montaña viendo los caminos y recolectando dudas, basta de gastar la vida en la congoja de la incertidumbre, es hora de recorrer un camino recto para subir la montaña donde me encuentro con otros honorables que subieron por su sendero.

viernes, 24 de agosto de 2012

Mulán como yo, la andrógina.


Hoy en psicología estuvimos comentando un libro que se llama Psicoanálisis del cuento de hadas de Bruno Bettelheim. Básicamente hablamos de cómo los niños solucionan sus conflictos infantiles de forma inconsciente por medio de los cuentos de hadas. Se identifican con un personaje e imitan sus actitudes. Estuve pensando con que personajes me identificaba yo en mi infancia, con ninguno de los cuentos tradicionales y con ninguna de las princesas de Disney. Ahora que lo pienso siempre me han gustado los personajes obscuros como la bestia de la Bella y la Bestia, o el fantasma de la ópera. Sin embargo el primer personaje con el que claramente me identifiqué en mi infancia, el que tiene más fuerza, es Mulán. Recuerdo cuando vi el corto de la película en la televisión: salía primero una Mulán con el rosto maquillado y su abanico, y yo dije: - quiero ser como ella, y luego salió Mulán vestida de hombre, como una guerrera y dije, - no, no, mejor quiero ser como él. Cuando vi la película y descubrí que él y ella eran una misma quedé fascinada por el personaje de Mulán. Hoy en día me abruma mi ambivalencia ante ambos sexos, no me identifico con ninguno ni parezco querer entrar en el molde de ninguno. Por esa razón decidí retomar a mi heroína de la infancia para buscar una solución a mi conflicto. Mulán es una muchacha medio silvestre. Porque la sociedad se lo pide, su madre y su padre, tiene que enfrentarse a la casamentera para buscar un esposo, por lo tanto tiene que disfrazarse de mujer. Es evidente que las ropas, el maquillaje, el peinado y la joyería le resultan un disfraz que le parece un poco incómodo y ajeno, en el que no se siente completamente ella. Entre la fila de mujeres que caminan de igual forma hacía la casamentera, Mulán sobresale por su torpeza y su falta de naturalidad en el ritual. Mulán no es callada, obediente, servicial, no tiene gusto fino, figura ideal ni refinamiento. En la entrevista con la casamentera todo le sale mal. Se evidencia que es un disfraz lo que lleva, que podrá parecer una novia pero no lo es. Por eso no tendrá a un hombre, no tendrá una pareja que la ame, no tendrá un lugar en la sociedad, porque aunque sus padres y su abuela no se lo recriminen ha fallado y no hay espacio para ella en el mundo de los adultos, permanecerá una niña asexuada sin lugar. Con la canción de Cristina Aguilera del reflejo expresa su falta de identidad y su falta de valía, eso aprendió en su fracaso de ser mujer. Ella misma no se puede reconocer en el espejo, es un ser que está velado incapaz de satisfacer los deseos de los otros e incapaz de satisfacer los propios. Va a la guerra sí para salvar a su padre pero sobre todo para encontrar su lugar. Tiene que entrar en un mundo de hombres y en una profesión de hombres disfrazado como uno. Le cuesta el doble de trabajo realizar las mismas actividades que sus compañeros, además de que no es muy aceptada por ellos al principio. Se hace evidente que su lugar no es ese. Si hubiera nacido un niño tendría éxito entre las mujeres y entre sus compañeros, pero en lo profundo esconde una verdad: no es un hombre, es una mujer. No importa que tanto lo intente al igual que el kimono, la armadura no es más que un disfraz. Se puede acercar a la persona que le gusta como hombre, pero en cuanto él descubre que es mujer la abandona. Regresa a su realidad primera pero el mundo de hombres le ha dado una nueva fuerza y motivación. Ya no puede conformarse a ser mujer como antes ya que ha probado el poderío y el reconocimiento que tienen los varones, cualidades que anhela para sí. Una vez más Mulán pasa a ser la de en medio, sin encajar en ningún sexo, pero ya no con ese sentimiento de no tener lugar y ser una niña, sino con el deseo de labrar su propio camino, de ser mujer y de ser al mismo tiempo hombre. Sus capacidades no son iguales a la de los hombres, no tiene su fuerza física pero tiene para compensar una aguda inteligencia y valor.  Al final, tras derrotar a los Unos, Mulán obtiene una pareja, el hombre que ella quiere y admira pero no por ser mujer u hombre, sino por ser la persona que es. El general la conoce primero como un igual y posteriormente se entera que por ser mujer está disponible como una posible pareja. El asunto es que mi ambivalencia sexual no me conflictuaría en absoluto si no tuviera deseos de tener una pareja y ser libre con esa pareja, ser totalmente yo. Constantemente pienso en lo que busca de mí una persona del otro sexo, incluso de mí mismo sexo, pero como Mulán, es necesario mantenerme fiel a quién soy, pues he descubierto a lo largo de mis años mucho de mí, y soy la andrógina, la del camino de en medio, como ella. Por eso no es necesario que busque ser para la pareja, sino encontrar a la pareja con la que pueda ser como en verdad soy.  

miércoles, 16 de mayo de 2012

Para saber si le interesas


Mis compañeros en el karate hablaban hoy de tácticas para conquistar a una mujer. El tema me pareció muy interesante pero no pude sacarles ni una sola táctica. A mi me parece que una persona no puede usar muchas tácticas así como escoger una jugada de ajedrez de todas las que hay, ya que cada persona sólo tiene una personalidad, no contando casos especiales. Alguien decía que hay tácticas de sondeo, no se si yo las llamaría tácticas pero creo que a mi edad y tras tantos topes y errores cometidos puedo tener una ligera noción de cuándo una persona relativamente normal está interesada en otra. Por ejemplo:
El sujeto I (interesado) siempre dice que sí a todo lo que O (objeto de su interés) le pide.
I sonríe cuando ve a O, eso puede suceder incluso más adelante cuando I ya está perdidamente enamorad@ pero también desde el comienzo.
Algunos niños molestan a la niña que les gusta, rara vez las niñas lo hacemos, o al menos yo lo he visto menos. Las niñas somos más dadas a consentir y a facilitar las cosas al niño que nos gusta.
En cuanto el contacto físico no he visto un patrón, algunos prefieren aumentarlo, buscar cualquier pretexto para rozar, tocar, abrazar, etc, en otros casos se vuelve lo contrario, hay como un temor a tocar, tal vez por miedo a que se descubran aquellos sentimientos o intenciones o por los simples nervios que ocasiona la otra persona. Mi hermana dice que hay que fijarnos mucho en el lenguaje corporal, un ejemplo es ver hacía dónde apunta su ombligo.
Mas entrado en el proceso I ríe de todo lo que O dice y actúa torpemente, son los nervios supongo, con alguien que no nos gusta podemos estar normales. ¡Maldita sea!
 La prueba de oro para saber si hay interés es el factor I sigue a O como perrito faldero. O va a la tiendita e I lo acompaña a fuerzas usando cualquier escusa, O se va a quedar otro rato en la escuela, en el trabajo o donde sea y repentinamente I también quiere hacerlo o inventa que tiene. Hay mucha gente en la fiesta pero I siempre parece acabar con O. A cualquier invitación de O I dirá que sí, aunque tenga otros planes, otros lugar en los que tiene que estar, compromisos, lo que sea, nunca dirá que no a una oportunidad de estar con O porque en cada una de esas veces que vea a O tratará de averiguar si tienen buena química, si está interesad@, si conseguirá algo. Sí hay mutuo interés una conversación puede tener mucha risa o cualquier tipo de intensidad y todo en volumen muy alto.
Cuando alguien nos gusta empezamos un proceso horrible, lento y fastidioso que nos convierte en verdad en las personas más desquiciantes, menos naturales y más nefastas del planeta, la gente lo nota y todos preguntan: - ¿Te gusta OOOOOO?  Ya, dime la verdad sí te gusta. Pero definitivamente la mejor manera para saber sí le gustamos a él o ella es si nos sigue, es si escoge estar con nosotros de todas las personas que existen. Como comúnmente solemos estar embrutecidos y encapsulados en nuestras emociones pensamos que cada guiño del otro es una declaración de amor, o cada saludo, cada abrazo, cada risa... entonces hay que movernos para ver si nos sigue.
Sobre las tácticas de los hombres no se nada pero en definitiva creo que casi todas las tácticas tendrán buen resultado no importa que tan cursis y ridículas si la chica está interesada. Si no está interesada pero sí abierta a la idea no entren con tácticas que los dejen en una situación vulnerable, lo que quiero decir es que no lleguen con un letrero enorme de “¿quieres ser mi novia?” y flores y globos, ni le echen un choro mareador, ni nada por el estilo, mucho menos cuando apenas se acaban de conocer, mejor hablen honestamente y pidan una cita o algo así sin presiones muy relajado para ver que sale. Si no entra en ninguna de estas categorías cualquier táctica que intenten está destinada al fracaso. Se exponen a la burla perpetua y a la humillación totalmente justificada de parte de ella.  

martes, 8 de mayo de 2012

Despuès de cursi deseando cursi....



Acabo de ver el final de Special A, una serie de Anime corta, veinticuatro capítulos. La verdad es que me faltó el beso de al final. El abrazo en medio del aíre (porque se aventaron del big ben) y las campanitas y la luz blanca estaba bien, pero nada remplaza al “taiski…” temblorino y con resignación tan esperado de la contraparte y el avance silencioso y lento hacia el beso final… Soy una fanática no profesional del anime y una cursi declarada. Muchas veces, como el gran cuatro que soy, me pierdo en las historias, me encantan las historias en cualquier formato. Entonces mi vida parece, me lo parece aún sin mucha ayuda, aburrida y sin amor. No he tenido novio en cuatro años y recuerdo que las cosas entonces parecían un capítulo de mis series preferidas. Había mucha risa, mucho valor de mi parte, esa tonta e ilusa determinación de proteger a mi amado a como diera lugar. A veces cuando había un beso por sorpresa me quedaba helada y sentía casi como todo alrededor era pastel, sonaban campanas, no había nadie más que él y hasta casi podía ver las rosas y adornitos que exageran lo cursi a mi alrededor. Supongo que toda mujer quiere un poco de ese amor, no sabría si los hombres entienden lo romántico de esa misma forma, pero tal vez ellos también quieren a alguien que los elija no como su peor es nada. A veces me sorprendo tonteando y creyendo en el destino. He sido muy exigente con esa excusa, diciendo que ya vendrá aquel… (fantasía, fantasía, fantasía…) Nadie parece cumplir el perfil que quiero, - el “taiski”  es sólo el comienzo,- pienso entonces, -hay tantas cosas más, dinero, familia, compatibilidad, amigos, actividades, tiempo, edad, madures, inteligencia…-  Y por si no fuera poco además soy una feminista mala copa, no soporto cualquier comentario machista, no soporto que ningún hombre piense que necesito ayuda por ser mujer, no busco ser salvada, no soporto muchas cosas por el estilo… A pesar de todo eso secretamente deseo que alguien corra detrás de mí cuando tengo miedo, que alguien me mire de forma especial, que se preocupe por mí, alguien que quite de mis hombros el peso de los días y alguien a quien pueda querer y proteger como lo más valioso, tener un propósito claro en la vida. Dentro de mí y bien dominante está mi yo de patas largas, ojos grandes y vidriosos que espera más que nada al valiente que me quiera a pesar de mis negativas y que resista mis embates de realidad. Estoy cansada de correr detrás de quimeras y de hombres que no me quieren, así que espero a aquel por el que sí sienta campanas, mi color pastel y mi cursilería. Espero mientras veo historias de amor. No se si es bueno esperar, o si uno debería simplemente rendirse a la realidad y aceptar que sólo hay una oportunidad para tomar el vagón del verdadero amor cuando se es adolescente no muy brillante y no importa el dinero, ni la familia, los amigos, la madures, el trabajo ni nada más que aventarse del big ben a los brazos del amado. Claro que hay una caída y uno tiene que estar retrasado y estúpido para brincar, es un completo desastre en la vida real, es una caída a gran altura pero una victoria del amor. Yo encantada brincaría de nuevo aunque se lo doloroso que el amor puede ser, la parte de la historia que rara vez cuentan, o rara vez son exitosos en contar, sin embargo brincar a los brazos de nadie saltando al vacío es suicidio. Decir que sólo hay una oportunidad y un fulano que esté tan loco como tú  y por ti en la vida es una idea muy triste. Recuerdo cuando entendía que querían decir las historias de amor y otras cosas misteriosas para mí hoy. Nunca la vida tuvo más sentido que cuando amé de verdad y el mundo era color rosita pastel y se detenía, nunca me alejé tanto de las manos de la muerte y el miedo que me hace sentir, no me importaba morir porque en ese momento era completamente feliz, mi felicidad era ver a la persona que amaba y era la felicidad más grande a la que podía aspirar. Bha, no ha de tener caso soñar ni mucho menos gritar “MOE MOEEEEE” cuando las miradas se cruzan en las series. Mi vida es aburrida, no tiene mucho sentido, o más bien ninguno, pero es funcional (y eso de qué sirve?)