Bienvenido.

Este es un blog hecho por una cabezota antitecnología, mitad niña, mitad piña, semiadiestrada (que es lo mísmo que decir cavernicolita asalvajada), por supuesto medio bruja, falta de modales y un deshonor a la inversión de mis papás en mi educación porque tengo una orotografía y redacción del terror.

No me juzgues muy duro ni te sientas personalmente aludido, soy perfeccionista pero no es algo que espero perfeccionar.

Con una sonrisa burlona LA CUCA

domingo, 5 de octubre de 2014

Amores de Sacristía

Como saben, y si no lo saben, me muevo en un mundo totalmente religioso. Mi vida es Cristo, así lo decidí, así lo he vivido. Mi madre es teóloga, mi abuelo lo era también, además de un hombre de muy evangélico, mi abuela era una fanática religiosa, mi padre, un ateo converso y un científico loco, mi hermana se casa en dos meses con un pasado misionero del Espíritu Santo. Mis hermanas y mi madre trabajan en escuelas católicas, aunque diferentes. Aún así, soy yo la que más se mueve en este mundo. Por muchos años, si no es que la mitad de mi infancia y toda mi adolescencia y comienzo de edad joven-adulta (¡hace apenas un par de años!) creí que sería religiosa- primero pensé en la vida activa y después me incliné a la clausura.-

He recibido acompañamiento vocacional por años, incluso he vivido en monasterios. Trabajo enseñando meditación y contemplación, he recibido instrucciones de varios y grandes maestros. Hablo el lenguaje religioso con fluidez desde muy pequeña, incluido lenguajes religiosos budistas y un poco menos fluido, hinduistas. Trabajo con religiosos las 24 horas del día, los hombres y mujeres consagrados a Dios y a los otros son mi pan de cada día. Es obvio y natural que la historia de mis amores, sean de amores de sacristía.

He tenido novios que no han sido del ámbito religioso. Más bien, he tenido UN novio que no fue del ámbito religioso, pero mis amores están vestidos de hábitos o muy cerca de eso. Me gusta lo que me gusta. Sé que no puedo tener una vida de pareja satisfactoria mientras lo que veo son hombres religiosos consagrados. Anhelo lo que veo, sin embargo, quizás no saben de lo doloroso que es amar a un sacerdote o a un novicio, o semejantes. Pareciera que soy una trastornada persecutora de amores imposibles, amante de lo prohibido, pero es más que nada que estoy donde quiero estar, con las personas con las que quiero estar, haciendo lo que hacemos... Con estas personas me siento cómoda, me siento yo, podemos hablar y compartir.

¡Cómo he padecido estos dilemas! ¡Me da ganas de maldecir a la iglesia por hacerme esto, por hacernos esto! Colocan yugos imposibles de cargar que no quieren cargar ni con un dedo.
He acompañado amores en sus búsquedas de Dios, en sus deseos de servir, de seguir con mayor fidelidad a Cristo y a la Iglesia, en sus conflictos personales, sus demonios... Me he sentido acompañada, abrazada y acogida también. Hoy estoy metafórica y literalmente en la sacristía sin saber cómo reclamar consuelo por mis propias necedades de fijarme y enamorarme del mismo perfil. Hoy estoy ubicada en la imposibilidad de obtener lo que me gustaría del hombre que quiero.

Me siento identificada con su deseo de poner algo más grande antes que los intereses egoístas, y centrar la vida en Cristo antes que en una persona, situación o cosa. Así soy yo también, así somos, así me gusta. Y la cosa es eso, que me gusta. Lo que pasa es que quiero, quiero expresar mi cariño de muchas maneras, con besos, con caricias, con abrazos, con palabras. Quiero compartir mi amor con otras personas, quiero gritar que esa persona es mi pareja. Quiero recibir el reconocimiento por haberlo acompañado en la sombra y la desesperanza, por sostenerlo en los momentos en los que no se podía parar con sus propias piernas. Quiero tener la dignidad que tienen todas las personas que aman y son amadas. Quiero poder hacer en público esos pequeños detalles como arreglarle la camisa y decirle que se tome su pastilla. Quiero besarle la oreja y decirle que lo amo al oído. Quiero poder darle un beso sin que implique empezar algo que no podemos continuar ni vivir sin traicionar promesas, sin traicionar confianzas, sin romper expectativas. Quiero poder seguir los movimientos de mis sentimientos, que son de amor y de alegría, quiero seguirlos a donde me lleven, llevándome cada día a amarlo más, a cuidarlo más, a expresarle mi cariño y proyectar la vida juntos, porque queremos lo mismo, porque nos ubicamos en el mismo punto. Quiero que se reconozca mi amor, quiero que se mire como mi misión evangélica el sostener al otro, construir comunidades y relaciones que presenten un apoyo en los momentos difíciles y una compañía en los alegres. Quiero que se sepa que esta fuerza de amar es de Dios, que esta relación crece y se fortifica porque ha nacido de una raíz firme: Jesús. Quiero no tener que pelearme con impedimentos de ese tipo, ¡El amor ya tiene de por sí demasiados retos y cuestas que son difíciles de afrontar!

 
Los amores de sacristía duelen. Son conexiones que pocas personas logran en su vida, son verdaderas relaciones de amor, libertad y amistad. Pero no se puede tener una relación de ningún tipo escondidow en un closet, escondidos en un ámbito de tu vida. Imposible mantener un amor truncado donde no puedas tocar, besar o decir. Duelen muchísimo, ¡me duele mucho!
¡Qué pobres interpretaciones hemos hecho en el catolicismo para justificar una forma de vida que no es natural! ¿¡Cómo hemos podido hacer una regla tan rígida que limite el amor y sus expresiones!? ¿¡Cómo hemos podido condenar a hombres y mujeres a un aislamiento semejante?! ¿Por qué miramos como hombres y mujeres religiosos se empoderan por falta de amor y de comprensión? ¿¡Cómo permitimos esto?! Exigimos un adormecimiento del cuerpo de los religiosos, que exigen a su vez, en venganza, este mismo adormecimiento a sus fieles. Porque es necesario tener el cuerpo dormido y desconectado para no contactar con lo que clama. No estoy en contra del ascetismo, de la abstinencia o del celibato, aunque creo es una vocación verdadera poco común. Estoy en contra de la rigidez de la estructura que pervierte, de este rigor que muchas veces es más represión que opción. De la exigencia de dormir el cuerpo, de separarse para evitar "pecar", evitar contactar con los deseos. Esto corta la vida, la potencia humana.

Yo he estado en esta situación de correspondencia de sentimientos en la vida religiosa en un par de ocasiones. No deseo que ningún religioso, ni ellos, ni yo, cambiemos de rumbo. Reconozco su profunda vocación así como la mía. Nuestra orientación espiritual, nuestra entrega total, nos hace bien. Nuestros ojos están enfocados en una misma meta, nuestro proyecto de vida es un compromiso profundo al evangelio, ¿por qué tengo que callar lo que siento? ¿Por qué tengo que mirar a otro lado cuando busco amor de pareja si el compromiso al evangelio es mi condición sine qua non para compartir lo más íntimo de mi vida? ¿Por qué tengo que renunciar a las personas que me comprenden y pueden acompañarme? ¿Por qué la vida religiosa incluye esta triste frustración? ¿Por qué sólo se puede ser pleno a escondidas, como si uno pecara por amar?


"Es una pena que sea pecado y que el pecado me mire así"

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Yo tengo razón

Es una época particular. Probablemente esta particularidad ha sucedido en la historia con los enromes choques culturales que significaron las conquistas. Esta época es particular entre esas particularidades, porque es un descubrimiento de los otros de manera masiva y global. Todos sufrimos una conquista y no sabemos contra quién dirigir la hostilidad que se siente ante la agresión de la llegada del extranjero que viene a despojarnos. Y como antes, pero aún peor, el conocer al otro, con sus relatos, con sus tradiciones, con sus versiones de la vida, algunas semejantes, y muchas tan disímbolas, nos hace preguntarnos “¿Quién tiene la razón?”. Ante tantas realidades que conocemos profunda o superficialmente, ajenas para poder hacer una crítica como la hacemos ante las propias creencias, si pensamos, y lo hacemos bien, podemos llegar a un par de conclusiones: “Todos tenemos razón” o “Nadie tiene razón”.

Es un mundo confuso y la tendencia posmoderna es a mostrarse pesimista y escoger de las miles de versiones nuevas que se despliegan a nuestros ojos mentales, la que creemos más racional, pero también la más trágica. Este caos cultural genera dolor, angustia y confusión. La promesa es que entre tantas versiones de la realidad, sin importar la que escojamos, la probabilidad dice que escogeremos la incorrecta, pues las realidades son incompatibles. Lo propio produce seguridad, lo ajeno, incertidumbre. Sin embargo, nuestra desconfianza a nuestra propia sabiduría y a la de las raíces que compartimos con nuestros ancestros, aunado a la brillantez de lo ajeno, provocan que dudemos de lo propio y tratemos de abrazarnos a lo que profesan los otros por querer profesar lo correcto y sensato. Hacemos una apuesta por la verdad más verdadera con una consciencia muy oculta de que no es posible poseer la verdad absoluta. Yo tiendo a plantearme la versión más pesimista para no esperar la mejor y quedar defraudada. He llegado a creer que el caos y la confusión es lo racional, que cuando veo las cosas sin sentido, veo la fibra misma de la realidad. El caos y la confusión me lo provocan la tensión entre “todos tienen razón” y “nadie tiene razón”. He creído que todo tiene el más desafortunado de los comienzos y finales. Sin embargo hay una vía, una salvación del caos, y esa es regresar al punto donde las cosas generaban seguridad. Tras la consciencia de los otros no se puede regresar a un intransigente “yo tengo la razón, los otros están mal”. Tras la consciencia del otro no se regresa a nunca a la nulificación de narraciones distintas a la mía, sin embargo puedo decir, yo tengo razón. Yo tengo una cultura, tengo un lenguaje, tengo una religión, tengo una ética, tengo una forma de ver la vida, de hablar, de moverme, de entender el sexo, de ver lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. Yo tengo razón. Mi compás de la interpretación que hago de la vida no debe ser las interpretaciones de los demás, sino lo que los propios huesos y entrañas reclaman. La pregunta es: “¿Qué necesito pensar?”. Una pregunta que no se hace para adormecer la consciencia, sino que desde la consciencia de lo múltiple, afirma lo propio como verdadero, como un camino personal de vida que me es natural, que no me genera angustia, ni caos, ni dolor, no me violenta. No quedo paralizada, sino motivada a seguir indagando el sentido de la vida desde mi gozoso marco contextual. Es pensar que mi horizonte cultural me ofrece las herramientas posibles para llegar tan lejos como quiera llegar, para entender la vida misma de manera universal y lo más humanamente completa. Me enfoco en lo mío, en lo único en lo que puedo hacer modificaciones desde mi experiencia. Puedo corregir, avanzar, replantear en lo propio porque lo llevo en la sangre, porque lo mamé desde el comienzo, porque es lo más natural en mí. Basta de dar vueltas a la montaña viendo los caminos y recolectando dudas, basta de gastar la vida en la congoja de la incertidumbre, es hora de recorrer un camino recto para subir la montaña donde me encuentro con otros honorables que subieron por su sendero.

viernes, 24 de agosto de 2012

Mulán como yo, la andrógina.


Hoy en psicología estuvimos comentando un libro que se llama Psicoanálisis del cuento de hadas de Bruno Bettelheim. Básicamente hablamos de cómo los niños solucionan sus conflictos infantiles de forma inconsciente por medio de los cuentos de hadas. Se identifican con un personaje e imitan sus actitudes. Estuve pensando con que personajes me identificaba yo en mi infancia, con ninguno de los cuentos tradicionales y con ninguna de las princesas de Disney. Ahora que lo pienso siempre me han gustado los personajes obscuros como la bestia de la Bella y la Bestia, o el fantasma de la ópera. Sin embargo el primer personaje con el que claramente me identifiqué en mi infancia, el que tiene más fuerza, es Mulán. Recuerdo cuando vi el corto de la película en la televisión: salía primero una Mulán con el rosto maquillado y su abanico, y yo dije: - quiero ser como ella, y luego salió Mulán vestida de hombre, como una guerrera y dije, - no, no, mejor quiero ser como él. Cuando vi la película y descubrí que él y ella eran una misma quedé fascinada por el personaje de Mulán. Hoy en día me abruma mi ambivalencia ante ambos sexos, no me identifico con ninguno ni parezco querer entrar en el molde de ninguno. Por esa razón decidí retomar a mi heroína de la infancia para buscar una solución a mi conflicto. Mulán es una muchacha medio silvestre. Porque la sociedad se lo pide, su madre y su padre, tiene que enfrentarse a la casamentera para buscar un esposo, por lo tanto tiene que disfrazarse de mujer. Es evidente que las ropas, el maquillaje, el peinado y la joyería le resultan un disfraz que le parece un poco incómodo y ajeno, en el que no se siente completamente ella. Entre la fila de mujeres que caminan de igual forma hacía la casamentera, Mulán sobresale por su torpeza y su falta de naturalidad en el ritual. Mulán no es callada, obediente, servicial, no tiene gusto fino, figura ideal ni refinamiento. En la entrevista con la casamentera todo le sale mal. Se evidencia que es un disfraz lo que lleva, que podrá parecer una novia pero no lo es. Por eso no tendrá a un hombre, no tendrá una pareja que la ame, no tendrá un lugar en la sociedad, porque aunque sus padres y su abuela no se lo recriminen ha fallado y no hay espacio para ella en el mundo de los adultos, permanecerá una niña asexuada sin lugar. Con la canción de Cristina Aguilera del reflejo expresa su falta de identidad y su falta de valía, eso aprendió en su fracaso de ser mujer. Ella misma no se puede reconocer en el espejo, es un ser que está velado incapaz de satisfacer los deseos de los otros e incapaz de satisfacer los propios. Va a la guerra sí para salvar a su padre pero sobre todo para encontrar su lugar. Tiene que entrar en un mundo de hombres y en una profesión de hombres disfrazado como uno. Le cuesta el doble de trabajo realizar las mismas actividades que sus compañeros, además de que no es muy aceptada por ellos al principio. Se hace evidente que su lugar no es ese. Si hubiera nacido un niño tendría éxito entre las mujeres y entre sus compañeros, pero en lo profundo esconde una verdad: no es un hombre, es una mujer. No importa que tanto lo intente al igual que el kimono, la armadura no es más que un disfraz. Se puede acercar a la persona que le gusta como hombre, pero en cuanto él descubre que es mujer la abandona. Regresa a su realidad primera pero el mundo de hombres le ha dado una nueva fuerza y motivación. Ya no puede conformarse a ser mujer como antes ya que ha probado el poderío y el reconocimiento que tienen los varones, cualidades que anhela para sí. Una vez más Mulán pasa a ser la de en medio, sin encajar en ningún sexo, pero ya no con ese sentimiento de no tener lugar y ser una niña, sino con el deseo de labrar su propio camino, de ser mujer y de ser al mismo tiempo hombre. Sus capacidades no son iguales a la de los hombres, no tiene su fuerza física pero tiene para compensar una aguda inteligencia y valor.  Al final, tras derrotar a los Unos, Mulán obtiene una pareja, el hombre que ella quiere y admira pero no por ser mujer u hombre, sino por ser la persona que es. El general la conoce primero como un igual y posteriormente se entera que por ser mujer está disponible como una posible pareja. El asunto es que mi ambivalencia sexual no me conflictuaría en absoluto si no tuviera deseos de tener una pareja y ser libre con esa pareja, ser totalmente yo. Constantemente pienso en lo que busca de mí una persona del otro sexo, incluso de mí mismo sexo, pero como Mulán, es necesario mantenerme fiel a quién soy, pues he descubierto a lo largo de mis años mucho de mí, y soy la andrógina, la del camino de en medio, como ella. Por eso no es necesario que busque ser para la pareja, sino encontrar a la pareja con la que pueda ser como en verdad soy.  

miércoles, 16 de mayo de 2012

Para saber si le interesas


Mis compañeros en el karate hablaban hoy de tácticas para conquistar a una mujer. El tema me pareció muy interesante pero no pude sacarles ni una sola táctica. A mi me parece que una persona no puede usar muchas tácticas así como escoger una jugada de ajedrez de todas las que hay, ya que cada persona sólo tiene una personalidad, no contando casos especiales. Alguien decía que hay tácticas de sondeo, no se si yo las llamaría tácticas pero creo que a mi edad y tras tantos topes y errores cometidos puedo tener una ligera noción de cuándo una persona relativamente normal está interesada en otra. Por ejemplo:
El sujeto I (interesado) siempre dice que sí a todo lo que O (objeto de su interés) le pide.
I sonríe cuando ve a O, eso puede suceder incluso más adelante cuando I ya está perdidamente enamorad@ pero también desde el comienzo.
Algunos niños molestan a la niña que les gusta, rara vez las niñas lo hacemos, o al menos yo lo he visto menos. Las niñas somos más dadas a consentir y a facilitar las cosas al niño que nos gusta.
En cuanto el contacto físico no he visto un patrón, algunos prefieren aumentarlo, buscar cualquier pretexto para rozar, tocar, abrazar, etc, en otros casos se vuelve lo contrario, hay como un temor a tocar, tal vez por miedo a que se descubran aquellos sentimientos o intenciones o por los simples nervios que ocasiona la otra persona. Mi hermana dice que hay que fijarnos mucho en el lenguaje corporal, un ejemplo es ver hacía dónde apunta su ombligo.
Mas entrado en el proceso I ríe de todo lo que O dice y actúa torpemente, son los nervios supongo, con alguien que no nos gusta podemos estar normales. ¡Maldita sea!
 La prueba de oro para saber si hay interés es el factor I sigue a O como perrito faldero. O va a la tiendita e I lo acompaña a fuerzas usando cualquier escusa, O se va a quedar otro rato en la escuela, en el trabajo o donde sea y repentinamente I también quiere hacerlo o inventa que tiene. Hay mucha gente en la fiesta pero I siempre parece acabar con O. A cualquier invitación de O I dirá que sí, aunque tenga otros planes, otros lugar en los que tiene que estar, compromisos, lo que sea, nunca dirá que no a una oportunidad de estar con O porque en cada una de esas veces que vea a O tratará de averiguar si tienen buena química, si está interesad@, si conseguirá algo. Sí hay mutuo interés una conversación puede tener mucha risa o cualquier tipo de intensidad y todo en volumen muy alto.
Cuando alguien nos gusta empezamos un proceso horrible, lento y fastidioso que nos convierte en verdad en las personas más desquiciantes, menos naturales y más nefastas del planeta, la gente lo nota y todos preguntan: - ¿Te gusta OOOOOO?  Ya, dime la verdad sí te gusta. Pero definitivamente la mejor manera para saber sí le gustamos a él o ella es si nos sigue, es si escoge estar con nosotros de todas las personas que existen. Como comúnmente solemos estar embrutecidos y encapsulados en nuestras emociones pensamos que cada guiño del otro es una declaración de amor, o cada saludo, cada abrazo, cada risa... entonces hay que movernos para ver si nos sigue.
Sobre las tácticas de los hombres no se nada pero en definitiva creo que casi todas las tácticas tendrán buen resultado no importa que tan cursis y ridículas si la chica está interesada. Si no está interesada pero sí abierta a la idea no entren con tácticas que los dejen en una situación vulnerable, lo que quiero decir es que no lleguen con un letrero enorme de “¿quieres ser mi novia?” y flores y globos, ni le echen un choro mareador, ni nada por el estilo, mucho menos cuando apenas se acaban de conocer, mejor hablen honestamente y pidan una cita o algo así sin presiones muy relajado para ver que sale. Si no entra en ninguna de estas categorías cualquier táctica que intenten está destinada al fracaso. Se exponen a la burla perpetua y a la humillación totalmente justificada de parte de ella.  

martes, 8 de mayo de 2012

Despuès de cursi deseando cursi....



Acabo de ver el final de Special A, una serie de Anime corta, veinticuatro capítulos. La verdad es que me faltó el beso de al final. El abrazo en medio del aíre (porque se aventaron del big ben) y las campanitas y la luz blanca estaba bien, pero nada remplaza al “taiski…” temblorino y con resignación tan esperado de la contraparte y el avance silencioso y lento hacia el beso final… Soy una fanática no profesional del anime y una cursi declarada. Muchas veces, como el gran cuatro que soy, me pierdo en las historias, me encantan las historias en cualquier formato. Entonces mi vida parece, me lo parece aún sin mucha ayuda, aburrida y sin amor. No he tenido novio en cuatro años y recuerdo que las cosas entonces parecían un capítulo de mis series preferidas. Había mucha risa, mucho valor de mi parte, esa tonta e ilusa determinación de proteger a mi amado a como diera lugar. A veces cuando había un beso por sorpresa me quedaba helada y sentía casi como todo alrededor era pastel, sonaban campanas, no había nadie más que él y hasta casi podía ver las rosas y adornitos que exageran lo cursi a mi alrededor. Supongo que toda mujer quiere un poco de ese amor, no sabría si los hombres entienden lo romántico de esa misma forma, pero tal vez ellos también quieren a alguien que los elija no como su peor es nada. A veces me sorprendo tonteando y creyendo en el destino. He sido muy exigente con esa excusa, diciendo que ya vendrá aquel… (fantasía, fantasía, fantasía…) Nadie parece cumplir el perfil que quiero, - el “taiski”  es sólo el comienzo,- pienso entonces, -hay tantas cosas más, dinero, familia, compatibilidad, amigos, actividades, tiempo, edad, madures, inteligencia…-  Y por si no fuera poco además soy una feminista mala copa, no soporto cualquier comentario machista, no soporto que ningún hombre piense que necesito ayuda por ser mujer, no busco ser salvada, no soporto muchas cosas por el estilo… A pesar de todo eso secretamente deseo que alguien corra detrás de mí cuando tengo miedo, que alguien me mire de forma especial, que se preocupe por mí, alguien que quite de mis hombros el peso de los días y alguien a quien pueda querer y proteger como lo más valioso, tener un propósito claro en la vida. Dentro de mí y bien dominante está mi yo de patas largas, ojos grandes y vidriosos que espera más que nada al valiente que me quiera a pesar de mis negativas y que resista mis embates de realidad. Estoy cansada de correr detrás de quimeras y de hombres que no me quieren, así que espero a aquel por el que sí sienta campanas, mi color pastel y mi cursilería. Espero mientras veo historias de amor. No se si es bueno esperar, o si uno debería simplemente rendirse a la realidad y aceptar que sólo hay una oportunidad para tomar el vagón del verdadero amor cuando se es adolescente no muy brillante y no importa el dinero, ni la familia, los amigos, la madures, el trabajo ni nada más que aventarse del big ben a los brazos del amado. Claro que hay una caída y uno tiene que estar retrasado y estúpido para brincar, es un completo desastre en la vida real, es una caída a gran altura pero una victoria del amor. Yo encantada brincaría de nuevo aunque se lo doloroso que el amor puede ser, la parte de la historia que rara vez cuentan, o rara vez son exitosos en contar, sin embargo brincar a los brazos de nadie saltando al vacío es suicidio. Decir que sólo hay una oportunidad y un fulano que esté tan loco como tú  y por ti en la vida es una idea muy triste. Recuerdo cuando entendía que querían decir las historias de amor y otras cosas misteriosas para mí hoy. Nunca la vida tuvo más sentido que cuando amé de verdad y el mundo era color rosita pastel y se detenía, nunca me alejé tanto de las manos de la muerte y el miedo que me hace sentir, no me importaba morir porque en ese momento era completamente feliz, mi felicidad era ver a la persona que amaba y era la felicidad más grande a la que podía aspirar. Bha, no ha de tener caso soñar ni mucho menos gritar “MOE MOEEEEE” cuando las miradas se cruzan en las series. Mi vida es aburrida, no tiene mucho sentido, o más bien ninguno, pero es funcional (y eso de qué sirve?)

sábado, 17 de marzo de 2012

Un rayo no cae dos veces en el mismo lugar


Me rindo con esto de las salir con gente nueva. No se puede forzar al amor como dice Phill Collins. Lo que me hizo despertar fue ver a mi exnovio, al que sí quise, al que amé. Aunque ya no lo amo porque no lo conozco hoy reí como antes, sonreí, conté chistes que hasta a mí me dieron gracia, brille y me agradé a mi misma y me agradó él como siempre. Cuando recién cortamos un amigo me dijo que cuando lo veía brillaba, recuerdo que entró a la biblioteca, me dijo algo y me solté a reír mientras las señoras esas me regañaban para que me callara, pero no lo podía evitar, mi corazón estaba gozoso. Hace poco salí con otro que me cae bien y me llevo bien, y dice lo adecuado pero no me interesa… Tal vez es peor no querer a que no te quieran. No querer a quien te quiere tiene en mí un sentimiento como de vergüenza, de suciedad, como si el otro me mirara de una forma que no le permití, me siento impotente porque mientras quisiera matar a quien me idealiza o me sueña de la misma manera en que yo idealizo y sueño a otros, no lo puedo destruir por algo así como pena… Me embrollo en lo que no deseo odiando y guardando rencor a quien no deseo pero me desea, me causa malestar pero no puedo actuar contra aquel como el que directamente me ofende o me ignora. No me permito ser grosera y franca y eso en sí es sumamente grosero, yo lo odiaría. Con todo esto pienso que un rayo no cae dos veces en el mismo lugar, sólo hay un amor, sólo hay uno para cada persona, lo demás desatinos. El amor debe ser lo más parecido al destino porque de todas las personas que existen hay uno que llega que es justo la media naranja, justo lo ideal, como diseñado para ti. Una terapeuta me dijo cuando corté con aquel que quise, o más bien cuando me mandó a la Conga, que volvería a amar, que no sería el último, yo le decía que no lo creería y ella insistía en lo mismo. Hoy creo que esa terapeuta no sabe nada, no sabe nada de las personas como yo, aunque el tiempo ha pasado y yo he querido y puesto TODOS los medios, se refuerza más y más que yo ya tuve mi rayo por más corto que fuera. Yo no voy a volver a amar así a menos que el destino le de la gana… A veces quisiera, hoy y esta semana ha sido uno de esos momentos, huir por completo, huir de mis responsabilidades, huir de las cosas que amo, huir de lo que odio, huir sobre todo de los odiados, los conocidos y los muy queridos. Huir y nunca más regresar, desaparecer a un lugar donde nadie me conozca, donde no tenga una página en facebook, ni un mail, ni un número de teléfono, ni una dirección y si se pudiera tampoco un nombre. Huir sin echar raíces en ningún lado, no en busca de un nuevo hogar y de nuevas relaciones, sino en total libertad y profunda soledad donde no tuviera que ser amable, ni tuviera que ser considerada, ni me tuviera que defender, ni tuviera que hacer nada más que caminar por el pasto y dormir bajo las estrellas como un verdadero ermitaño. 

martes, 13 de marzo de 2012

Andandose con cuidado. En el mundo de las citas por Internet.


La depresión está en retirada, el sinsentido no. Estoy en una excursión-investigación por el mundo de las citas por internet. Terrible, la gente opina que es lo peor pero yo no. Me vale, la verdad. No tengo nada mejor que hacer, me parece divertido. Suelo ser más elocuente con las manos en un teclado que de frente con mi voz. Sin embargo, hay un factor de fracaso en todo este asunto que me persigue. Hay gente de todo tipo, gente que me escribe poesía sin conocerme, gente que se enoja porque no le respondo, ¡gente que escribe con "K"!, gente que me dice que tenemos afines similares (jojo!) gente que dice fantasear con abrir con su lengua mi flor de loto... :S Sólo tengo una foto, mi información más esencial y nada más. No soy más que una sola foto. ¿Me pregunto por qué me escriben a mí?  Los hombres son una raza extraña. Hay hombres agradables, de los pocos, he salido con algunos de esos pocos y la magia se termina. Pareciera que les gusta permanecer en la no personalidad enigmática de su perfil de pof, y quizás yo también tengo la peor de las primeras impresiones. Pareciera que esperan de mí un misterio, o no se qué esperan de mí, tal vez lo que ellos pensaron que yo debía ser. Al conocernos me vuelvo persona y muere todo el interés. No entiendo porqué preferir relaciones por Internet, el "te cuento, me cuentas", que no dice mucho. Creo que esta cosa de Internet no crea vínculos reales, sólo la posibilidad de hacerlos, sin embargo algunos prefieren lo virtual a lo real.  Yo busco descubrir a la persona detrás de lo que dicen de sí mismos, pero quién me busca a mí. Atrás de esa foto en mi perfil, de cada comentario honestamente curioso por la vida del otro, hay una mujer en pijama, en una pijama que ni siquiera es una pijama completamente, sino un arreglo de ropa y pants viejos, despeinada, con lentes por usar la computadora, con el cuarto tirado y una actitud un poco ridícula. Soy más ésta que la buena foto que logré en alguna reunión. Nadie es foto, nadie. Nadie puede vivir siendo de forma inmóvil e inalterada su mejor foto, ¡y gracias a Dios, tampoco su peor foto! Forzada al mundo del "disque" generar relaciones por Internet, porque no lo logro de otra forma, me he desecho de mi imagen y mi persona para que la destruyan y construyan algo que no soy. Me arriesgo, y a veces me arriesgo de más, porque quedo a merced de verdaderos estúpidos y truhanes sin la posibilidad de borrar de su mente mi existencia. Pero me arriesgo porque de forma ingenua busco a alguien que quiera acompañarme a mí en mi vida real, despeinada y en pijama, y que yo pueda acompañar en su vida real, en bóxers, sin bañar y de malas. Si tengo suerte de encontrar a alguien por el medio internetoso lo haré saber de inmediato, si continuo fallando… Sólo queda reír. Si no escribo sobre el asunto es porque estoy riendo.